Fiesta de Reyes lucha por mantenerse entre consumismo navideño
La celebración de los tres Reyes Magos es el festejo tradicional y religioso más importante de las costumbres católicas en Puerto Rico, que aún trata de sobrevivir entre el consumismo ansioso que la delega a un segundo lugar en la Navidad.
La tradición, heredada durante la colonia española, la registró Manuel Alonso a mitad del siglo XIX en su libro costumbrista "Aguinaldo Puertorriqueño".
Según narró a EFE el historiador Luis Edgardo Díaz, director del Departamento de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico (PUCPR), los niños de todas clases sociales recogían pasto para los caballos de los Reyes que dejaban cerca de su cama, donde al otro día encontraban juguetes.
Según Díaz, la costumbre se ha ido muriendo porque "hoy día a los Reyes los anuncian las grandes compañías que venden juguetes donde los Magos supuestamente los compran. Es un día más para vender y no se toman en cuenta los sentimientos de los niños".
El director explicó que aunque hoy el pasto se pone en una caja de zapatos, hace más de 50 años sólo los niños de clases pudientes tenían cajas de este tipo, porque los de pocos recursos, la mayoría, andaban descalzos.
"A los niños del campo se les regalaba un plato de arroz con gandules (guisantes), una matraquita o una trompetita de las que hay en los cumpleaños de hoy y eso era un regalo trascendental en la vida de ellos", comentó.
"A los que vivían en el pueblo les daban una carreta o carrito hecho de lata, que elaboraran los artesanos", agregó.
Era quizás el único regalo o juguete, si es que llegaba, que recibían los pequeños en todo el año.
Ese día la familia asistía a la Misa de Epifanía según el rito católico.
En la víspera, los adultos se iban a "reyar", es decir, iban en grupos a llevar parrandas a las casas de familiares y amigos y a cambio recibían golosinas y comida.
La palabra "reyar" fue un aporte de Puerto Rico en la edición de 1992 del diccionario de la Real Academia Española.
La comida consistía en pasteles -hechos de masa de guineos (plátanos) verdes- y rellenos con carne de cerdo, vísceras de cerdo y el llamado ron "pitorro", que se curaba con carne de res o con frutas.
También se servía el coquito, bebida hecha con crema de coco, azúcar y canela y que a veces se le echaba ron pitorro.
En diciembre, el puertorriqueño también comenzaba a mirar al cielo, donde aparecían los tres Reyes Magos y las tres Marías, según la costumbre.
Los Reyes son las tres estrellas que conforman el cinturón de la constelación de Orión, que aparece en invierno en el hemisferio norte y las tres Marías, la funda de la espada del mismo cazador.
En sus parrandas, el campesino, cantaba aguinaldos que inventaban trovadores y que muchas veces provenían de los evangelios bíblicos como el siguiente: "De tierra lejana venimos a verte, nos sirve de guía la estrella de Oriente. Oh, brillante estrella que alumbra la aurora, no nos falte nunca tu luz redentora".
El villancico lo compuso el trovador ponceño Tonín Romero, especificó Díaz.
El historiador lamentó que hoy día, a pesar de lo arraigada que ha sido la tradición y de que la fiesta de pueblo más importante siga siendo el festejo de los Reyes Magos en Juana Díaz, el consumismo haya empujado la costumbre a "la zurrapa de la Navidad".
"El consumismo nos está matando", denunció Díaz, quien agregó que la tradición católica de los Reyes Magos, puede permanecer si "nos educamos y que haya una nueva reestructuración que empiece con los niños pequeños. La escuela está fallando en ese sentido y es donde se forma el carácter básico de las personas".
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